¿Una policía Peronista?

¿Una policía Peronista?

ESTUVIMOS con el actual Jefe de Policía de Salta, compañero Rubén Fortuny, nos hizo trotar por esa vieja mole colonial-espa-ñol. con sus torres y espesos muros de un metro de ancho. Nos introdujo por pasillos, laberintos y conocimos las celdas (hoy en demolición) en las que hasta el 25 agonizan en vida seres «cuyo mayor falta era la de haber nacido pobres» Pasamos frente a las habitaciones en las cuales se habían torturado a cientos de argentinos con picanas Que traían de afuera». Estábamos en las entrañas de la otrora temida Central de Policía Salteña.
Nos llevó, casi corriendo, a ver sus carros de asalto», ahora cubiertos de colores vivos para que los niños, todos los niños, «viajen al colegio». Subimos escaleras, trepamos por entre los escombros de los 1.000 metros cuadrados de «todo este sector ya destruido por la piqueta».
Lamentó no disponer de «fondos de ninguna especie», y comenzó a construir con su indice, dispensarios, bibliotecas, juegos para un jardín de infantes, «casinos para la tropa que no tenemos».
El jefe de la Policia es Perónista, estuvo preso en esa celda, la 4, en el año 1956, terminó en Rio Gallegos.
«El Descamisado» vivió esta realidad, así fue la entrevista.
D.: ¿Cómo definirías la función de una policía peronista?
R. F.: Desde el puesto de auxiliar de Justicia y con la llegada del gobierno popular, toda la policía debe dejar de ser lo que era. De estar al servicio de las minorías para ser una policía fiel reflejo del gobierno de las mayorías Dicho de otra manera, este triunfo del pueblo es también el triunfo del sentido humanitario que anida en él, en la gente humilde, en los trabajadores, muy lejos por cierto, de la maldad de las mal llamadas clases selectas. Dado su origen de clase la policía debe reflejar lo que es. Esta es la policía peronista que hoy tenemos en Salta, si bien falta mucho por hacer.
D.: ¿Cómo dejo la Central de Policía la dictadura militar?
R.F.: Bueno, ustedes han visto algunas cosas En el ex-pabellon para detenidos comunes. esa «Bastilla», vergüenza de los Sáltenos, hoy en demolición y con espacio para 30 procesados, rne encontré con 230 despojos de seres humanos. Que de acuerdo al pensamiento del anterior gobernador militar, Mayor Spanjerber, era decir: el aire acá esta espeso».
D.: ¿Cuál fue el destino de es-
R. F.: En una semana los 230 fueron ubicados en lugares dignos,
Policía, en los pabellones ocupados por los alumnos Cada uno con su cama y baño. Muchos de ellos &e bañaban per primera vez, con agua caliente Luego dispuse que fueran destruidos todos los calabozos para que nunca mas fueran utilizados. Incluyendo el Nº 4 que fue en el que estuve detenido, en 1956. antes de ser trasladado a Rio Gallegos.
D.: Cómo han sido recibidas estas medidas tomadas por usted?
R. F.: La respuesta está dada por la población. En los mil metros cuadrados que borramos para siempre de este edificio, construiremos una plaza con juegos para niños. La falta de presupuesto no nos permite hacer otra cosa.
Imagínense, el 25 de mayo me hago cargo de la Jefatura y me encuentro una enorme cantidad de armamento importado de EE.UU. Depósitos llenos de bombas lacrimógenas, vomitivas, diarréicas. balas de plástico, cascos con visera en cantidades industriales, palos garrotes de todas las medidas. Y lo más indignante, fue encontrarme con 4 ametralladoras livianas, último modelo, marca USA, CON SILENCIADOR. ¿Se da cuenta? Armamento de guerra con silenciador incorporado para reprimir al pueblo salteño. ¿Se da cuenta lo que esto significa?
D.: Cuesta creerlo.
R. F.: No alcanzo a comprender que se gasten tales sumas de dinero cuando en la Institución está faltando lo más imprescindible, como ser guantes de goma para el medico forense.
D.: ¿Cómo recibió la población la demolición de las celdas?
R. F.: Con movilizaciones en apoyo a la nueva Jefatura Perónista.
D.: ¿Y los enemigos de fuera?
R.F.: Bueno, ¿esos? Acusándome de bolche, de trosco. En fin, esa gente no es pueblo, de serlo, estarían felices de que los espacios dedicados a torturas a seres humanos sea convertido en jardines Observe esos tenebrosos canos de asalto color verde Le hemos cambiado el color Ahí los tiene, llenos de colores vivos, y ¿sabe que hacemos con ellos?, los utilizamos únicamente para llevar niños a la escuela. Se ha dado el caso de niños del Hogar Escuela, son huérfanos, que al ser invitados a un festival por la Escuela de Policía no aceptaron venir en sus propios ómnibus, y tuvimos que enviarles nuestros colorinches ex-carros de asalto.
D.: Esto es el comentario alegre de la población, ¿pero con el resto qué hicieron?
R.F.: Vean comopañeros, estamos dispuestos a desterrar para siempre las policías bravas y antipopulares. Actualmente, las temibles brigadas de perros han sido disueltas y junto con los Cadetes damos exhibiciones populares para los escolares, vamos a los barrios. En una palabra al pueblo. Si por hacer estas cosas se nos acusa de troscos, es porque no obran de buena fe. Acá nos conocemos todos y muy bien.
D.: ¿Qué pasó con los cuerpos represivos?
R.F.: Han sido disueltos todos y reincorporados a otros servicios.
Ustedes saben muy bien que sus componentes vienen de sectores populares. En su mayoría son recuperables, depende de como se los dirija, con qué escala de valores se los guia. Les aseguro que están respondiendo muy bien en sus nuevos destinos.
D.: ¿Y con los torturadores?
R.F.: Con decirles que los uniformes odiados del cuerpo de infantería fueron a parar a los bomberos, que no tenían qué ponerse. Claro que hicimos algo que hasta resulta risueño: a quien se le data pantalón no se le entregaba chaquetilla, y a la inversa. En todo caso para aquellos que nos calumnian les decimos que estamos haciendo lo que nos ha enseñado el General Perón: el pueblo, siempre el pueblo y antes que nada el pueblo.
D.: ¿Y con los torturadores?
R.F: Se los detiene y se los pasa a la Justicia. Por algo tenemos un gobierno popular que defenderemos hasta las últimas consecuencias.

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